El “periplo” de Evo Morales para viajar de Bolivia a México

Evo Morales tuvo que armarse de paciencia para viajar de Bolivia a México, donde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador le otorgó el asilo político.

Primero tuvo que esperar permisos en el aeropuerto de Chimoré, en el centro de Bolivia; luego viajar a Paraguay a recargar combustible y por último hacer un meticuloso recorrido aéreo que no violara las decisiones —e indecisiones— que cada país tomó ante la crisis política boliviana.

“Un viaje por la política latinoamericana”, dijo Marcelo Ebrard, canciller mexicano, en rueda de prensa el martes, cuando dio los detalles del “periplo”.

Morales llegó a México al mediodía del martes porque, según él, su vida corría peligro en Bolivia.

Su renuncia, el domingo, fue “sugerida” por el ejército tras un motín policial y las “irregularidades” detectadas por la auditoría de la Organización de Estados Americanos en las elecciones del 20 de octubre.

Los comicios, marcadas por la para algunos ilegal candidatura de Morales, dejaron al país divido, sumido entre protestas y denuncias de fraude.

Un viaje por la política latinoamericana

Una vez México otorgó el asilo, la cancillería de ese país inició un complejo proceso para organizar el viaje.

El avión de la Fuerza Aérea mexicana esperó en Perú en primera instancia, los permisos de las autoridades bolivianas, ya no al orden de Morales, para acceder a su espacio aéreo.

El gobierno peruano había publicado un comunicado en el que afirmaba que había autorizado la parada.

Cuando obtuvieron el permiso de Bolivia, emprendieron vuelo hacia Chimoré y, justo antes de entrar a Bolivia, las autoridades de ese país cambiaron de opinión y tuvieron que volver a Lima.

“Les dijeron que no, que ese permiso ya no es válido, entonces hubo que retornar a Lima y esperar varias horas para poder la autorización que finalmente (…) el Comando de la Fuerza Aérea (boliviana) otorgó, lo cual dice también quién tiene el poder ahorita en Bolivia“, detalló Ebrard.

Su idea era retornar con la misma ruta, pero no: el gobierno peruano cambió de opinión, negó el permiso y ya no podían recargar combustible en Lima.

Y había otro problema: fuera del aeropuerto de Chimoré había simpatizantes de Evo, pero dentro, militares. Morales esperaba entre la tensión.

“Fue el peor momento”, dijo Ebrard.

El plan b, entonces, fue viajar a Asunción, en Paraguay, donde el gobierno de Mario Abdo Benítez accedió, con la intermediación del presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, a acoger el avión por unas horas para que recargara combustible.

Paraguay tiene una tradición de conceder asilo, si hubiese pedido, lo hubiésemos concedido“, dijo Benítez, quien sin embargo no ve un golpe de Estado en contra de Morales como otros gobiernos de la región.

Una vez en Asunción, la pregunta era cómo volar hasta Ciudad de México. Perú no dejaba aterrizar, pero sí volar por su espacio aéreo. Ecuador ofreció el aeropuerto de Guayaquil.

Pero ya en el aire, las autoridades al mando en Bolivia negaron que pudiera pasar por su espacio aéreo. Así que tendrían que rodear el país.

Para eso el canciller mexicano habló con su embajadora en Brasil, que consiguió, “milagrosamente”, permiso para volar.

El avión, entonces, bordeó la frontera entre Bolivia y Brasil hasta llegar a Perú y de ahí entrar a aguas internacionales hasta llegar a Ciudad de México.

Fueron casi 16 horas de llamadas y gestiones que mostraron, como dijo Ebrard, la diversidad de posturas que gobiernan a América Latina.

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